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Morbilidad y homicidio por programación

Morbilidad y homicidio por programación

Articulos de Loulou Bédard  Todos los derchos recervados Marzo 2009 

Morbilidad y homicidio por programación

 "En cualquier casa donde entre, no llevaré otro objetivo que el bien de los enfermos; me libraré de cometer voluntariamente faltas injuriosas o acciones corruptoras."

Extracto del juramento hipocrático de origen.

 "JURO acordarme siempre de que un paciente no es solamente un caso patológico, sino que es también un ser humano que sufre."

Extracto del nuevo juramento de los médicos en Canadá, desde 1982.

 

⬛️  En nuestra llamada sociedad moderna, la medicina convencional se convirtió en la nueva ‘religión’ y la bata blanca reemplazó a la sotana negra. La sumisión hacia el que lleva el estetoscopio en su cuello sustituyó a la sumisión hacia el que lleva la cruz.

 Esta nueva religión nació en los Estados Unidos en el momento de la publicación, en 1910, del informe Flexner, el cual tuvo el efecto de una bomba. Financiado por el ‘Carnegie Endowment for the Advancement of Teaching’, un organismo de carácter supuestamente filantrópico pero tan alejado de ello como se pueda llegar a imaginar, el informe condenaba abiertamente la medicina sectaria. Flexner invitaba a sus lectores a proyectar su visión más allá de las mezquinas disputas de las sectas, hacia el alba de la medicina científica moderna. Esta última excluía totalmente las medicinas llamadas sectarias, tales como la acupuntura, la homeopatía, la naturopatía y la fitoterapia, por mencionar solo algunas de ellas. Había que preconizar la medicina de escuela, donde la bioquímica, la fisiología y la farmacología estaban bien vistas. Pero lo más insidioso del caso es que se daba entonces la impresión de que un organismo millonario, imparcial y filantrópico prestaba un inmenso servicio al público, siendo la realidad muy diferente, ya que entonces se pronunciaba una sentencia de muerte para todas las escuelas de medicinas llamadas alternativas.

 El informe Flexner le permitió al Estado legislar la enseñanza de la medicina para la creación de las llamadas escuelas ‘oficiales’, las cuales pretendían formar a los nuevos sacerdotes de bata blanca. Estas escuelas fueron las únicas habilitadas para recibir subvenciones de investigación. Desde 1910, solamente en los Estados Unidos, la ‘Rockefeller General Education Board and other Foundations’ contribuyó con más de 600 millones de dólares; sin incluir a Canadá.

 ¿Filantropía desinteresada? Uno puede llegar a hacerse esta pregunta, ya que se forzó la relegación de todas las medicinas alternativas. La nueva religión había nacido y era apoyada financieramente con millones de dólares. ¿Su misión? Centrarse sobre la enfermedad en lugar de en la salud, más bien sobre el remedio que en la prevención.

"Cualquier imbécil tiene más poder si tiene más medios para adquirir los artificios necesarios."

¿Qué es lo que hacen, entonces, los sacerdotes de bata blanca para conformarse con esta misión? Diagnósticos. Según el diccionario “Le Nouveau Petit Robert 2007”, “diagnóstico” se define como “determinación de una enfermedad o de un estado según sus síntomas” o bien como “previsión, juicio obtenido del análisis de signos”. Y es aquí donde aprieta el zapato, ya que el diagnóstico, si es grave, puede llegar a ser destructor, porque a partir del momento en que la persona es “etiquetada” la enfermedad adquiere omnipotencia. Según la primera de las acepciones del término, el sacerdote de bata blanca, con su diagnóstico, “determina” la enfermedad. Es mucho decir. Lo que se debe volver a discutir no es tanto el diagnóstico, sino su impacto, a menudo negativo, sobre la persona que lo recibe.

Y, ¿qué pensar de un diagnóstico grave que puede generar en el paciente choques emocionales brutales de los cuales jamás se recuperará? ¿Se toma su tiempo el médico para reflexionar bien acerca de lo que va a decir y el impacto de sus palabras? El diagnóstico, así como el poder hipnótico que representa, mantiene con mayor frecuencia la morbilidad en el paciente. Por ejemplo, la persona que recibe un diagnóstico de esclerosis múltiple (EM) se imagina de inmediato a sí misma postrada en una silla de ruedas, dado que el conocimiento general que se tiene acerca de esta enfermedad no es muy alentador y no favorece, por tanto, una vuelta hacia el bienestar. Este paciente se encuentra entonces totalmente obnubilado por la nueva identificación que ha recibido y le es prácticamente imposible olvidarse de ella. Y el sacerdote de bata blanca saca pecho: “Según las estadísticas, quizás no seas capaz de andar más”. Pero como decía Mark Twain: “Hay mentiras, mentiras innobles y estadísticas”. Hipócrates, si fuera  contemporáneo, sería el primero en admitir que esto no es más que morbilidad por programación.

 Lo que todavía es más grave es que no solamente el médico se satisface con determinar la enfermedad, sino que se permite hacer previsiones (pronósticos), basados también en estadísticas. Se olvida completamente el carácter único de cada individuo, de su historia, de su vivencia, de sus valores. Cuando la famosa frase “le quedan solo seis meses de vida” se arroja como una cuchilla, el paciente, a menudo, cae en un precipicio sin fondo. Y lo sorprendente es que ¡la previsión se da! El sacerdote de bata blanca tenía razón. Pero, ¿es verdaderamente el caso? Tal proceder no es posible sin recordar los encantamientos hipnóticos del "aprendiz de brujo". Practicamos, sin duda, de forma inconsciente y por pura ignorancia de la realidad del enfermo, un homicidio por programación. A colación, en su conmovedora obra Medical Armageddon, Michael L. Culbert, DSc, PhD, dice:

 

"En 1973, los médicos de Israel hicieron una huelga de un mes, atendiendo únicamente los casos de urgencia en este período.

La tasa de mortalidad en el país cayó un 50%; ¡la mayor bajada de mortalidad desde la huelga precedente veinte años antes!

En Bogotá, Colombia, los médicos estuvieron ausentes del trabajo durante cincuenta y dos días, con una bajada concomitante (similar) del índice de mortalidad (un 35%)."

 ¿Es el médico culpable de este hecho? Para contestar a esta cuestión hay que regresar al pasado, a la época del famoso informe Flexner, época en la cual la bioquímica, la fisiología y la farmacología se convirtieron en las raíces nutritivas de la medicina oficial. A partir de estas raíces se construyó un sistema médico en el que la entidad humana es excluida y la incomprensión de la enfermedad es total. La declaración de John H. Knowles −presidente de la Fundación Rockefeller, la cual "alimenta" a este sistema con grandes aportaciones económicas−, es bastante reveladora:

"En materia de investigación biomédica, realizamos los esfuerzos más avanzados en el mundo y nuestra tecnología médica es incomparable […]

En la inmensa mayoría de los casos, somos prácticamente incapaces de prevenir la enfermedad o de preservar la salud por medio de una intervención médica."

 Por ansiar querer hacer ciencia, el humano se alejó de su conciencia.

Desgraciadamente, el médico se convierte en el instrumento de este sistema y solo pone en práctica lo que aprendió, es decir, realiza su trabajo. Pero, seasus intencionesn o no laudables , NO TIENE EL DERECHO de incluir en su práctica la morbilidad o el homicidio por programación. El doctor Jean-Claude Salomón, médico e investigador que trabajó durante más de treinta años en el instituto de investigaciones científicas sobre el cáncer del CNRS, en Villejuif (París), menciona en su libro Le Tissu Déchiré:

"El médico que habla de ‘lesiones precancerosas’ ¿piensa sinceramente lo que dice o, bien, hace declaraciones medio-alarmantes, medio-tranquilizadoras, para ’manipular’ a su enfermo y forzar su sumisión a la orden médica?"

 

Ante este ‘árbol’ médico, que se alimenta mal de la savia humana, hacen falta nuevas raíces y también una nueva manera de entender la medicina; la salud no es la ausencia de enfermedad, sino un modo de ser que integra la enfermedad en la biografía humana y en la dinámica general de la evolución. La enfermedad, pues, tiene un sentido, una significación evolutiva −tanto en el aspecto individual como social−, que debemos reaprender a conocer, aprender a reconocer, y donde la morbilidad y el homicidio por programación ya no tienen lugar.

Fuentes

 • ANCELET, ERIC (2005). En finir avec Pasteur, un siècle de mystification scientifique. Collection Résurgence, Belgique.

• CANNENPASSE-RIFFARD, RAPHAËL (2002). Biologie, médecine et physique QUANTIQUE. Collection Résurgence, Belgique.

• CULBERT, MICHAEL L. (1997). Medical Armageddon. C and C Communications, San Diego (Californie).

• GRIGGS, BARBARA (1991). Green pharmacy, the history and evolution of western herbal medicine. Healing Arts Press,

Rochester, Vermont.

• SALOMON, JEAN-CLAUDE (1991). Le tissu déchiré, propos sur la diversité des cancers. Éditions du Seuil, Paris.

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